top of page

Priscila Makari: “En el textil, en uno o dos años destruís lo que después lleva 20 construir”

La directora ejecutiva de Fundación Pro Tejer analiza la crisis que atraviesa la industria textil de la Argentina, marcada por la caída de la actividad, el avance de las importaciones y la pérdida de puestos de trabajo. Además, explica las dificultades para competir con los productos importados y el impacto de este escenario en Avenida Avellaneda.

Por SOFÍA MANSILLA

La industria textil argentina atraviesa un escenario de caída de la producción y pérdida de empleo, mientras los productos importados ganan participación en el mercado. En este contexto, el sector enfrenta el desafío de sostener la actividad frente a un menor consumo y una estructura de costos que dificulta la competitividad de la producción nacional.

​

Priscila Makari es economista y directora ejecutiva de Fundación Pro Tejer, una organización creada en 2003 que reúne a empresas, sindicatos, universidades y organismos tecnológicos vinculados a la cadena de valor textil e indumentaria. La entidad trabaja en el análisis del sector y en la elaboración de propuestas de política pública para promover su desarrollo. Makari lleva más de cuatro años al frente de la fundación y anteriormente se desempeñó en distintos organismos públicos.

priscila makari.jpeg

Antes de asumir la dirección ejecutiva de Fundación Pro Tejer, Makari trabajó durante cuatro años en la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria. | Foto: gentileza de Priscila Makari.

​

Si tuvieras que hacer una radiografía de la industria textil de la Argentina hoy, ¿cuáles son los datos más importantes para entender la situación?

​

La situación para el textil hoy es crítica. Uno de los principales datos que usamos es el de capacidad instalada, es decir, cuánto de toda la capacidad disponible se está usando para producir. Según el último relevamiento del INDEC, en julio el sector textil utilizó el 45,3% de su capacidad instalada. Esto significa que entre cinco y seis de cada diez máquinas permanecieron paradas. Si cae la producción, también cae la rentabilidad porque tenés los mismos costos fijos y muchas menos unidades. Hoy las empresas pierden plata todos los meses y eso no se puede sostener demasiado tiempo. Ya cerraron más de 700 empresas textiles y de indumentaria, sobre todo pymes, y muchas están en convocatoria de acreedores. También se perdieron más de 27.000 empleos formales. Como la confección tiene un alto grado de informalidad que no se mide, entendemos que la pérdida total de puestos de trabajo puede ser incluso mayor.

¿Qué factores llevaron al sector a este escenario?

​

Lo primero es la caída del consumo. Los hogares tienen menos ingresos disponibles para destinar a bienes como la ropa, porque una mayor parte se destina a gastos fijos, como alquileres, transporte, tarifas energéticas o prepaga. El segundo factor es el avance de las importaciones. Históricamente, el mercado se repartía aproximadamente en un 50% de producción nacional y un 50% de productos importados, mientras que hoy estimamos que la relación es 30% nacional y 70% importado. Este crecimiento estuvo acompañado, entre otros factores, por el auge de plataformas chinas de comercio electrónico como Shein y Temu.

¿Por qué producir una prenda en la Argentina tiene dificultades para competir en precio con una importada?

​

Calculamos que, de una prenda de marca que se vende en un shopping, solamente el 8,5% del precio corresponde al costo de fabricación. El resto incluye impuestos, logística, tasas de interés, comisiones bancarias y alquileres. El textil es una cadena muy larga y tiene sus eslabones distribuidos en distintas provincias, por lo que se van acumulando impuestos a medida que la mercadería circula. En la Argentina tenemos costos logísticos muy altos. Sale igual o más traer un camión de Catamarca a Buenos Aires que un contenedor entero de China a Buenos Aires. Para competir hay que trabajar sobre toda esa estructura y también contar con herramientas frente a prácticas de competencia desleal, como el dumping. Abrir todo o cerrar todo no es la solución.

ChatGPT Image 20 sept 2026, 11_23_24 a.m..png

La estructura de costos es uno de los factores que condiciona la competitividad de la industria textil de la Argentina frente a los productos importados.

Elaboración propia. | Fuente: Fundación Pro Tejer.

¿Qué consecuencias está dejando esta crisis en el sector?

​

Lo peor en el corto plazo es la gente que se queda sin trabajo, porque es muy difícil reinsertarse. Un obrero textil calificado que vive en la provincia de Buenos Aires no necesariamente puede irse a Neuquén y convertirse en minero. Pero además no solo se pierde empleo, sino también capacidades. Cuando cerrás fábricas, después lleva muchísimos años volver a tenerlas. Alguien tiene que confiar, hacer una inversión, comprar máquinas, montar todo de nuevo y capacitar a la gente. En uno o dos años destruís y después te lleva 20 construir. Eso es lo grave del momento actual.

¿Cómo se manifiesta esta crisis en un polo comercial como Avenida Avellaneda?

​

Flores es muy importante porque gran parte de lo que se vende ahí termina en las provincias. Viene gente a comprar al por mayor y después vende en sus propios locales o por otros canales. No tenemos datos estadísticos específicos por zona, pero se observa una menor cantidad de compradores y locales con dificultades para cubrir sus costos. Al mismo tiempo, Flores empezó a incorporar un mayor volumen de productos importados. Hay precios muy competitivos, que no tienen nada que envidiarles a plataformas como Shein y Temu. El problema de fondo sigue siendo la caída del consumo. No se está vendiendo ni nacional ni importado, y Flores lo vive muy de cerca.

Si esta tendencia continúa, ¿cómo imaginás la industria de la Argentina dentro de cinco años?

​

Una sociedad sin industria en un país grande no tiene futuro. Cuando hay una masa grande de desempleados, la gente acepta trabajar por menos plata y se presionan hacia abajo los salarios y los derechos que uno puede pedir como trabajador. También se pierden oportunidades para profesionales, jóvenes y científicos. La industria genera empleos y, cuando hay mayor complejidad tecnológica, también más investigación y desarrollo. Tenemos que pensar un modelo que permita bajar costos, mejorar productos y producir cada vez más cosas con mayor complejidad. Si no tenemos trabajo de calidad, no tenemos país.

bottom of page