Todo el día en vivo: ¿los vivos de TikTok son la salida de Flores o un manotazo de ahogado?
Con las ventas presenciales en baja, cada vez más locales venden por transmisión en vivo. Algunos dicen que concentran la mayoría de sus ventas. Otros lo probaron y lo dejaron. Y detrás de la cámara casi siempre hay una empleada.

Por MARTINA MAZZEI
El vivo suma una tarea que no existía en el mostrador: vender frente a la cámara, responder al público y mantener activa la transmisión. | Foto: MM
En algunos locales de Flores hay un aro de luz, una transmisión prendida y una chica hablando a cámara. Cuando termina, otra arranca. Según contó una empleada de Sol Urbano, ahí hay vivos todo el día: cortan uno y empiezan otro, así todos los días. Es una modalidad nueva para el barrio y se expande rápido. Para entender cuánto y con qué resultados, recorrimos 20 locales de Flores, escribimos por redes a otros 15 que fueron apareciendo en el feed de TikTok. Les preguntamos con qué frecuencia hacen vivos, desde cuándo, cuánto venden y por qué creen que la gente compra así.
¿Por qué el vivo?
En Sol Urbano cuentan que todo el día están haciendo vivos de TikTok. Las ventas presenciales bajaron y hoy se vende "a la par" en los vivos y en el local. Su explicación es práctica. Mucha gente trabaja de lunes a viernes y no puede acercarse, así que mira el vivo, escribe desde su trabajo, encarga y recibe el pedido por Didi, Uber o encomienda. El público que les compra es de todas las edades y de toda la provincia (incluso han llegado a mandar pedidos mayoristas a Salta). Describen que hay muchas amas de casa "pendientes del TikTok", este método no solo es una forma de venta para el local sino que también una forma de entretenimiento para el cliente.
Mochi, que respondió por mensaje, también le atribuye el éxito del formato a la comodidad del cliente. Según cuentan, la gente ya no sale a comprar a los locales físicos. Ross Fashion suma otro motivo: hay gente del interior que no puede venir a Buenos Aires por el costo del pasaje y la estadía, y para esta gente pedir por pantalla es más fácil. Selá agrega los precios y la exclusividad de artículos que no llegan al local. Entre las razones aparecen la oferta, la comodidad y la distancia.
Un tren al que no todos quieren subirse
Para Selá, prender la cámara ya es parte de la rutina del negocio. Hace dos años que hace vivos y este año aumentó la frecuencia: transmite tres o cuatro veces por semana, durante una o dos horas. Algunos días puede terminar sin ninguna venta; otros, cuando coinciden el stock y las fechas de cobro de sus clientes, llega a cerrar entre diez y quince. Los vivos representan alrededor del 60% de sus ventas.
En Mochi, el ritmo es parecido. Transmiten dos o tres veces por semana desde hace más de un año y cada vivo puede durar entre dos y cinco horas. Suelen cerrar unas diez ventas por transmisión y aseguran que la mayoría de sus ventas ya ocurre por esa vía. En el local, dicen, casi no queda gente.
Ross Fashion empezó hace unos cuatro meses y ya transmite cuatro veces por semana. Según cuentan, nunca cierran un vivo con menos de cuatro ventas. Fiumicino, en cambio, concentra la apuesta en dos transmisiones semanales: aseguran que pueden llegar a concretar unas 60 ventas entre ambas cuando hay muchas ofertas. “Se llevan todo”, dicen.
Los números muestran que no existe una única forma de vender por TikTok. Para algunos locales, el vivo funciona como una especie de segundo salón de ventas; para otros, es un evento de unas horas que se arma según el stock, las promociones o el momento del mes en que cobran sus clientes.
La guía de Vercatálogo, una empresa que ofrece inventarios online para emprendedores, recomienda empezar con un vivo semanal y priorizar la constancia antes que la cantidad de transmisiones. En Flores, sin embargo, algunos negocios ya llevaron esa lógica mucho más lejos: transmiten varias veces por semana, todos los días o durante buena parte de la jornada. La vidriera dejó de estar solamente en la calle.
Cuando el vivo se convierte en otro local
El fenómeno crece, pero no todos los locales de Flores encontraron en TikTok una solución. De los 20 negocios que recorrimos en persona, cuatro hacen vivos: Sol Urbano, Fiumicino, Byf y Mi Diosa. Uno los dejó y el resto todavía no los hace, aunque varios no descartan probar.
Nathaly es el caso de un negocio que lo intentó y decidió dejarlo. La chica que hacía los vivos ya no está y, según cuentan, las ventas tampoco eran suficientes para sostener el esfuerzo: "tampoco es que se vendía tan bien". En Mi Diosa, en cambio, aseguran haber conseguido entre 15 y 20 clientes a través de las transmisiones, aunque ahora hacen menos porque las ventas presenciales mejoraron.
Entre quienes nunca empezaron aparecen otras razones: hay que dedicarle tiempo a TikTok, a algunos vendedores "no les da" estar frente a una cámara y otros consideran que todavía tienen suficiente movimiento en el local.
La diferencia entre unos y otros muestra que el vivo no funciona igual para todos. Para algunos se convirtió en una parte importante del negocio; para otros, es una herramienta que se prueba, se adapta o directamente se abandona.
Una vidriera móvil
Los vivos no reemplazaron a los locales de Flores, pero ampliaron la forma de llegar a sus clientes. Una persona puede estar mirando una prenda desde su casa, hacer el pedido por WhatsApp y recibirla unas horas después sin haber pasado por el barrio.
En algunos negocios, la pantalla ya ocupa un lugar importante dentro de las ventas. En otros, sigue siendo una prueba. Por ahora, más que una salida definitiva o un último recurso, los vivos son una herramienta más que los comerciantes están incorporando mientras buscan nuevas formas de vender.
