
La crisis golpea al polo textil más grande del país.
Por LUCÍA ABAD, VALENTINA ATENCIO, DELFINA FRUHWIRTH, SOFÍA MANSILLA y MARTINA MAZZEI
La industria textil en la Argentina atraviesa una caída de la actividad que empieza a reflejarse en los precios. En agosto del 2026, mientras el nivel general de índice de precios al consumidor aumentó un 1,7%, las prendas de vestir y el calzado bajaron un 0,6% en el país y un 1,1% en el Gran Buenos Aires, según el INDEC.
En este contexto, más de la mitad de la capacidad productiva se mantiene detenida. En julio, la industria textil utilizó solo el 45,3% de su capacidad instalada. La caída del consumo, los costos que enfrenta la producción local y el crecimiento de las importaciones son algunos de los problemas que atraviesan a la industria.
En este escenario, se suma la expansión de las compras en plataformas internacionales como Shein y Temu. Desde diciembre de 2024, los cambios en el Régimen de Pequeños Envíos por courier ampliaron las posibilidades de realizar compras en el exterior para uso personal. A su vez, entre enero y abril de 2026 ingresaron 23.482 toneladas de indumentaria importada, un 79% más que durante el mismo período del año anterior, según datos recopilados por la Fundación Pro Tejer.
En esta crisis, el barrio porteño de Flores, uno de los polos comerciales más grandes de la industria textil nacional, se vio fuertemente afectado. Ubicado dentro de la Comuna 7 de CABA, concentra una red de negocios vinculados con la venta mayorista y minorista de indumentaria. El circuito se compone de 42 hectáreas, distribuidas en más de 60 manzanas, y reúne casi 10.000 locales y puestos. De ese total, alrededor del 62% corresponde a pequeños puestos dentro de galerías y el 38% a comercios a la calle. Asimismo, en Flores se articulan distintos eslabones de la cadena textil, desde la venta de telas, la fabricación y producción de ropa, y su comercialización.
En la actualidad, el 30% de los locales de la Avenida Avellaneda está vacío. La Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) registró que la cantidad de locales sin actividad en esta avenida alcanzó un 73,3% a comienzos de este año. Algunos, para afrontar el costo de los alquileres, optaron por compartir un mismo local entre dos o más rubros y así dividir los gastos.
Este año, las ventas bajaron más de un 20% respecto de 2025, con una caída del 50% en los compradores que llegaban del interior del país, según Emiliano Iglesias, presidente de la Asociación de Comerciantes de la Avenida Avellaneda (ACOMA). Además, la restricción de tránsito impuesta por el Gobierno porteño redujo la llegada de los micros de compras, que antes traían clientes desde el interior. Ahora, las autoridades los obligan a desviarse hacia terminales como la Terminal Dellepiane, a 40 minutos caminando, o Retiro, a casi tres horas caminando.
En un barrio acostumbrado a vender por volumen y movimiento, algunos comerciantes optaron por la comodidad del consumidor para subsistir: colocar probadores en el local, erradicar el mínimo de compra e incluir la venta por redes sociales. Esta última estrategia encontró en los vivos de TikTok una nueva forma de acercar la ropa a los clientes. Otros comerciantes ensayan estrategias más tradicionales: liquidaciones, descuentos y ofertas. También, hay quienes apuestan por mejorar la atención al cliente dentro del local, con la expectativa de que comprar presencialmente vuelva a resultar atractivo.


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